Posteado por: Lizer | octubre 20, 2008

Cicleando la ciudad

Ya hace unos años que utilizo la bici para desplazarme por Zaragoza, si bien hará un par de años que he dejado de ser un burgués, pedaleando sólo con el buen tiempo, y la utilizo diariamente (excepto cuando llueve, que son pocas veces, porque me sigue dando respeto).

La cantidad de bicicletas que se pueden observar ahora circulando por la ciudad no es ni mucho menos comparable con las pocas que se veían antes. A ello ha contribuído el colapso circulatorio de la capi, el lamentable servicio público de autobuses, la puesta en marcha del Bizi (con toda la propaganda institucional de la que va acompañada) y, por qué no, una especie de efecto llamada visual por parte de los cada vez más numerosos ciclistas a los que querían y no se atrevían.

El caso es que con la propagación del fenómeno salen a relucir quejas, más o menos razonables, desde los ámbitos perjudicados. Dichas quejas salen mayoritariamente del sector aceril y han ganado un espacio para las mismas en periódicos y radios. Algo cansado de estas voces me he decidido a escribir este post.

Y es que los queridos paseantes se quejan amargamente de la circulación de bicis por las aceras, no sin parte de razón porque insensatos los hay que llevan coche ó que van en bici, pero creo equivocan el único destino de sus críticas. Se les suele decir que la acera no es para las dos ruedas, que se bajen a la calzada, y que si no pueden ó no se atreven vayan andando. Desde luego, son personas que ignoran, por no haber tenido la experiencia, el peligro de circular en determinadas vías por la calzada y el escaso respeto por el automovilista hacia el ciclista. Dirijan a ellos también parte del problema.

Porque los que usamos las aceras sólo ocasionalmente y si la anchura es suficiente, sabemos lo que es ir por el asfalto, aunque algo de concienciación (o asunción de la bici) si que creo haber visto en los automovilistas de un tiempo a esta parte. Aparte del peligro lógico de la circulación existen otros riesgos derivados de graciosetes que te chillan desde la ventanilla, de pitidos (no de aviso) extempóraneos, de señores que te sugieren vayas por la acera, de peatones (que los hay también incívicos) que cruzan pasos de cebra cuando estás casi encima de ellos o que cruzan por el medio sin mirar, ó de coches que no se apartan lo suficiente.

En conclusión, que creo que los ciclistas deberíamos circular todos, la mayor parte posible del recorrido, por la calzada y si se hace por ésta hacerlo de un modo prudente y cauto, pero generalizar acerca de su mal uso no es procedente. De este modo, se obligaría al Ayuntamiento a hacer un esfuerzo real por adaptar la ciudad al transporte bicicletero: limpio, sostenible, exento de atascos, saludable y rápido. Otra cosa será la mentalidad ciudadana, que reclama más y más espacio para el coche y desprecia toda novedad. Cambiarla costará aún más esfuerzo con ellos que con las instituciones.

Más asuntos bicicleteros los encontrareís en este blog.

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Responses

  1. Sí señor.
    Que la gente te increpe por la ventanilla del coche me parece descerebrado y propio de una sociedad oxidada, enferma y amorfa.

  2. Este verano estuve por donde tú andas (leí también tu blog para informarme de cómo moverme por Londres) y la convivencia entre bicis y coches era perfecta (o parecía). Me sorprendió que allí había bicicleteros de todas las edades, sexo y condición. Desde luego, un ejemplo a seguir.


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