Posteado por: Lizer | agosto 25, 2008

MartinezSoriaLandia y los seguratas de la Expo

Da gusto darse una vuelta por la Expo y comprobar cómo somos los seres humanos o por lo menos algunos de sus más llamativos representantes. Esa Expo tan alabada por sus vecinos más cercanos, que son a su vez los que engordan la cuenta diaria de visitantes, atrae a gentes del más curioso pelaje y rocambolesco comportamiento.

En primer lugar truca o ficazio (ó llama la atención) pasearse a primera hora de la mañana por los alrededores de las puertas de entrada y observar cómo la gente llega a las filas dos horas antes de la apertura de puertas (es decir, a las 8 de la mañana) para nada más atravesarlas superando a adversarios a legalizados empujones emprender una veloz carrera, cual Usaines Bolts cualesquiera, en busca de su tesoro olímpico hacia los ¿fast?-pass más cercanos, con especial devoción por el del Pabellón de España.  Dentro de la equipación de nuestros supercampeones Expo cabe destacar el prolífico uso de gorras de tonos chillones con publicidad de los patrocinadores de los olímpicos aderezada con una buena camiseta de algún equipo de fútbol ó equivalente (véase esas camisetas rojas de algodón en las que pone el nombre de la patria común e indivisible para el común de los mortales).

Muy de Martinez Soria sería ese peculiar comportamiento de pasar por las (escasas) exposiciones interesantes que hay en el tartán Expo (Pabellón Puente) como quien va mirando escaparates de la calle Delicias. Sin gastar un minuto en leer un panel explicativo, y es que hay que ahorrar potencia neuronal para después ir a cantar con la Década Prodigiosa. Lo importante es decir al vecino que has estado y que es muy bonita (se supone que en cuestión de continente).

Uno a veces se pregunta si es un raro ó tiene la percepción de la realidad algo desviada porque ¿merecen la pena tantas horas de espera en las filas para ver el contenido de determinados pabellones estrella?. ¿Es sostenible gastar tanto tiempo para luego pasar por las exposiciones como quien ve llover?. ¿No le parece a nadie más decepcionante el contenido de la mayoría de pabellones?.

Harina de otro costal… bueno, quizás del mismo, es la anécdota que sufrí en carne propia: Segurata muy corpulento de acento andaluz en la entrada del pabellón de Omán lee el lema que portaba en mi camiseta (Aragon ye o mio país) y ante mi perpejlidad se me pone a aleccionar sobre la Verdad y lo equivocado que estaba. A decir verdad, no le entendí más que palabras sueltas (autonomía, poderosos, pueblo) porque cuando asimilé que un tipo de éstos me recriminaba mi actitud política mientras entraba tranquilamente en el pabellón la distancia (y personas) que nos separaban era demasiado amplia. Pero vamos, los chicos que venían detrás mío en la minifila, y a los cuales no conocía, me comentaron: “le has enfadado, eh?”, lo cual quiere decir que lo dicho no estaba en un tono agradable. En fin, que lo que más me jode es no haber reaccionado para contestarle y simplememente lanzarle un “lo que tú digas” con una media sonrisa. Siendo bien pensado me habría dicho lo mismo si hubiera llevado una camiseta de SOY ESPAÑOL. Siendo realista me da en la nariz (saturada en el aroma a incienso que él mismo esparcía por el pabellón) que su boca hubiera permanecido cerrada. Pero bueno, después de todo objetivo cumplido: hay una persona más en el mundo que sabe que hay disidentes de la españolidad aragonesa acomplejada que rezuma la Expo.

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