Posteado por: Lizer | julio 23, 2008

Carta al director (II)

Con la manida y subjetiva excusa política del ahora no toca ó la ciudadanía no lo reclama, los hipersensibles adalalides de la España homogénea, los defensores del supuesto Sitio a la amenazada lengua común y los aragonesistas sólo de nombre, se han lanzado nuevamente a torpedear la aprobación de la mínima y exigüa Ley de Lenguas de Aragón.

Con lenguaje tan manipulador como erróneo no les duelen prendas en inventarse lenguas ó modalidades linguísticas ó en negar la existencia de ellas, llegándolas a calificar de invento setentero (G. Alcalde dixit). Ellos que esquían orgullosos en la pista Garmet o Chinepros de Formigal, después de pasar por Peña Foratata en coche, y antes de descansar en su apartamento de La Galliguera, intentan confundir al ciudadano bien por interés bien por su atrevido desconocimiento del asunto: les aseguro que la toponimia no engaña y precisamente la única que es más moderna y colonizadora es la denominación castellana de nuestros pueblos, ríos, montes y parajes altoaragoneses (sobretodo).  

En sus disquisiciones meramente políticas obvian y desprecian lo estudiado por filólogos en relación al idioma hablado en La Franja, que no deja lugar a dudas: es catalán. Recurren a eufemismos sin rigor como maellano ó fragatino, o a denominaciones despreciativas como chapurriau.. Si ustedes, como yo, no son filólogos acerquense a La Franja sin prejuicios catalanofóbicos: ya me contarán.

Puestos a negar lo evidente, neguemos las existencia del castellano en Aragón. Hablemos del taustano, del pedrolero, del turolense, del montalbino. Seguro que aquí con la iglesia hemos topado.

Como argumento principal para defender la realidad trilingüe de Aragón, tal como marca su Estatuto de consenso recién aprobado (art. 7) y su vieja Constitución (art. 3), es la defensa de nuestro patrimonio (que no sólo consiste en figuras religiosas en museos ajenos), es la defensa de los derechos de todos los ciudadanos aragoneses que, como todos, pagamos nuestros impuestos, es la defensa de la cultura.

Porque las lenguas son vehículo de comunicación entre hablantes, lengua no es política. Quién aún mezcla interesadamente los dos temas es torpe de vocación.

Simplemente esperar del Presidente Iglesias que cumpla su vieja promesa, incluída en su programa electoral refrendado por una mayoría de aragoneses en las últimas elecciones autonómicas.

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