Posteado por: Lizer | julio 1, 2008

Fútbol (y política)

Hace ya dos días desde que la selección española de fútbol se ha proclamado muy merecidamente, por el nivel de fútbol desplegado, campeona de Europa. Un conjunto de chicos a los que da gusto verles jugar, pero que yo no quería que ganasen.

¿Cuál era esa razón para oponerme a la ley deportiva de que gane el mejor? Pues la utilización política de la victoria, el ardor patriótico desbocado a lomos del mayor arma difusora de pasiones. Periodistas de estómago agradecido a base de canapés oficiales a los que es imposible leer u oír y que se encargan de vender patrioterismo barato. Y por la parte que me importa, aquí en Aragón, donde nuestros antetodoespañolísimos conciudadanos querían demostrar que son más españoles que nadie tras ver el jolgorio españolista despertado (publicidad mediática, desde allá y desde aquí, mediante) en el núcleo del Estado.

Las autoridades políticas de nuestro pequeño país también han puesto de su parte haciendo de la Expo del agua y del desarrollo sostenible un plató para la divulgación de la identidad fluvigualda, Fluvigualdarepartiendo banderitas hechas de plástico ¿biodegradable?. Haciendo programas de TV y radio públicas, que pagamos todos, hasta los que no nos sentimos como ellos, indistinguibles con los de Cuatro, Antena 3 ó Telecinco en cuanto al seguimiento del partido.

Y no quisiera que se me interpretara como una crítica a estos jóvenes (en su mayoría) aficionados que le daban al claxon el domingo por la noche envueltos bajo la gruesa piel del toro de Osborne o de las grandes alas de una gallinácea. Ni como una imposición ó supravaloración de mis postulados políticos-ideológicos-sentimentales sobre los suyos. Cada cual es libre. Pero yo también. Y me gustaría saber (de hecho ya lo sé porque hice un pequeño sondeo entre personas cercanas) que me dirían todos ellos al decirles que no me siento identificado con ese equipo, con esa bandera, con ese escudo. Que mas bien me siento despreciado por lo que ello significa. Si el respeto que yo les puedo tener para que celebren lo que sientan celebrar y con las banderas que ellos quieran, lo mostrarían si fuera yo el que agitara la estrelada desde el asiento del copiloto del coche en un hipotético triunfo deportivo-político aragonés (y aragonesista). O si sus expresiones seguirían siendo: qué pena, qué dices, no puede ser.. acompañados de un gesto misericorde comó quien mira a un bicho raro sin fundamentos. Las expresiones que me hacen sentir apartado y despreciado en mi propio país.

pd. Si los numerosos desperfectos en el mobiliario urbano causados la noche del domingo hubieran ocurrido tras una noche de banderas estreladas al viento, los medios de comunicación, ¿los hubieran tachado de gamberros? ¿O de algo más grave?

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