Posteado por: Lizer | junio 25, 2008

Dylan, Expo y la Feria

Tuve el honor el lunes 23 de asistir, pagando, a pesar de la gran cantidad de invitaciones que parece repartieron, al concierto de ese icono musical que es Bob Dylan.

Pero antes de ver el escueto escenario, ese armazón de andamios metálicos colocado para encuadrar a los músicos y colgar dos ristras de altavoces, los sufridos amantes del rock tuvimos la oportunidad de visitar el polígono PLAZA.

A la organización del concierto, le pareció pequeño cualquier recinto en la ciudad consolidada como para albergar uno de los grandes (así nos lo vendieron) eventos musicales de la Expo 2008 a pesar de que su gira por el Estado Español consta de 10 citas más, y lo situaron, muy al uso de la tendencia general de nuestro Ayuntamiento, en la Feria de Muestras, a 10 Km de la capital (y a nada de Valdespartera y lo que será ArcoSur). Poco importaba que el ritmo de venta de entradas fuera mucho menor de lo esperado (dicen que fuimos 9.000) y que los antecedentes hablaran de 5.000 asistentes.

Allí que nos mandaron y, genialmente, para hacer honor al título de la muestra (Desarrollo sostenible), facilitaron un servicio de transporte público que aparte de poco publicitado en cuanto a paradas y horarios resultó ser pésimo: “Desde las 18 horas hasta las 19:30 ó 20h desde Ranillas o el Pabellón P. Felipe”, me informaron en el teléfono 010. Además de la inconcreción horaria, poner autobuses hasta las 19’30 para un concierto que empieza a las 21h un lunes laborable es un absurdo. Poner autobuses en los extremos de la ciudad es animar a la gente a coger el coche particular: ¿acaso va alguien a salir a las 19h de trabajar, se va a coger un autobus hasta Ranillas o P. Felipe, para luego esperar si hay suerte y llegas a tiempo al último transporte hasta la Feria de Muestras llegando allí 1hora antes del concierto?

Con lo cual pasó lo lógico: la gente pilló su coche y allí nos encontramos con varios kilómetros de atasco que, supongo para evitar colapsar la A-2 y la N-II, fue reptando bajo las instrucciones de guardias civiles de dudosa formación cultural (tuvieron tiempo de demostrárselo a un melenudo poco patriótico como yo) a través de las avenidas de PLAZA dirección aeropuerto para despúes volver hacia el recinto Ferial. Kilos y kilos de CO2 que se tragó, desgraciadamente y gracias a los gloriosos organizadores de eventos Expo, la desdichada atmósfera. 45 minutos desperdiciados en el asfalto.

Con una hora de retraso comenzó el concierto, supongo que para esperar al gentío. Dylan, con su sombrero de ala ancha blanco subió al escenario junto a su gran banda y se colocó sin más artificios detrás de un teclado que apenas se oía. Cantó al susurro ronco, una tras otra, 17 de sus canciones. Las más conocidas, y como ya se esperaban los que lo conocen, a duras penas reconocibles por principiantes en su discografía como yo.

Tras algo más de hora y media, presentó a su banda, cantó a su forma actual Like a rolling stone, saludó con sus músicos desde el frente escénico y se marchó.

Había visto a Dylan, a un mito, al arquitecto de algunas de las grandes canciones de la historia de la música. En cambio, el espectáculo me dejó frío.

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