Se acercan las elecciones y es momento de reflexionar sobre lo que uno va a hacer con su voto. En otros tiempos, no demadiado lejanos, esa reflexión sobraba, todo estaba claro viendo las lineas políticas seguidas por los diferentes grupos. Ahora, con el aragonesismo político en barrena, si es que existe como tal en las Cortes, era tiempo de decidir sin gran ilusión si apostar por la vía menos mala entre las representadas actualmente en el Parlamento ó apostar por algo nuevo.
A esto se sumaban otras dudas.
Política ficción: si decidiera dar mi voto a CHA, y éstos lograban suficiente representación, ¿se morirían por un pacto con el PSOE? ¿O mantendrían una posición firme?
En caso de llegar a alcanzar dicho acuerdo: ¿Qué pasaría con proyectos abanderados del PSOE y supuestamente rechazados por CHA? ¿Sería condición sine quae non su retirada para llegar al pacto de legislatura? Hablo, sobre todo, del negocio del esquí (Astún, Cerler-Sarllé) y de la sinrazón del eterno conflicto hidraúlico (Yesa, Biscarrués).
A este último par de preguntas ya tenemos respuesta y nos puede servir para aclarar qué hacer el próximo 22 de mayo. La presidenta de CHA, espero no haberla entendido mal, declaró en Radio Zaragoza al ser preguntada por Castanesa y las futuras negociaciones post-electorales, que lo que estaba con trámites en marcha no iba a ser problema para llegar a un pacto pues en todos los gobiernos existen diferencias. Lo hecho, hecho está. Ponía como ejemplo los aeropuertos de Huesca y Teruel, ejemplos poco adecuados comparándolos con el tema Castanesa, dado que ni ambientalmente tienen el mismo impacto ni su grado de ejecución es siquiera similar. Lo cual, si fuera así, supone a mi entender una especie de ley de punto final. Un empezar desde cero para facilitar las cosas. Un ejemplo palmario de la adaptación al medio de las especies para sobrevivir. La entrega de tus valores tradicionales por un buen sillón.



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