Posteado por: Lizer | enero 20, 2009

Palabras propias

Echando un vistazo a las estanterías de una biblioteca me encontré un libro de lomo rojizo con la típica inscripción del título del documento. En este caso, me llamó la atención y lo ojeé. Se trataba de las Actas del simposio sobre el ser aragonés, cuyo director fue Agustín Ubieto y cuya edición corría a cargo del Justicia de Aragón y de Ibercaja.

Entre todas las charlas que compusieron el simposio, no pude resistir la tentación de leer instantáneamente, con curiosidad y las orejas tiesas, la última de ellas: La reincorporación al vocabulario básico de los alumnos de las palabras propias de la localidad, comarca y zona, de Maria Soledad Marzo Villarroya (1992).

El proyecto pretendía “la sensibilización de lo aragonés en las aulas” pero tiene una visión castellanista y localista, estando muy relacionado con el post que escribió no hace mucho Ch. Romance en Aragón Colonial sobre cómo los filólogos aragoneses habían contribuido al engrandecimiento de la lengua castellana, obviando, despreciando la aragonesa.

El caso es que, con la magnífica intención de “reivindicar la inclusión en nuestro vocabulario de las palabras que con todo derecho deberían formar parte de él” y denunciando el propio olvido de los docentes hacia estas palabras “por desconocimiento y por sobrevalorar el término castellano ante el término propio”; el estudio se convierte en un artículo castellanista, en el que en ningún momento se cuenta el origen linguístico de esas palabras a los alumnos (bonita forma de culturizar). Es más, dichos términos son válidos si y sólo si son permitidos por los académicos de la RAE, en caso contrario son considerados como “vulgarismos usuales”.

Entre las palabras “redescubiertas como permitidas” figuran palabras que, extrañamente, dado que son palabras propias de la localidad, comarca y zona, todos conocereís. Echadle un vistazo a parte de la lista:

Ababol, alzar, amprar, birlos, boira, canalera, caparra, cuasi, charrar, chiflar, desportillar, embolicar, encanarse, enruna, esbarar, esbarizar, falsa, mocador, panizo, picaraza, toballa, tronada, zoquete, zorrera,… (así hasta más de 600, aportadas por los alumnos)

Desconozco a qué porción de territorio se refiere la autora con la palabra “zona”, pero en caso de referirse a Aragón, ya podemos incluir una denominación más a la extensa lista comandada por el retroactivo término “región”. En caso de referirse a lugares alrededor de Mora (población objeto del estudio), estaría conduciendo a los alumnos al desconocimiento y a la visión localista de la realidad lingüística.

En conclusión, en ningún momento se explica que son palabras pertenecientes a la lengua aragonesa que han soportado, enraizadas en el acervo cultural común, los embates del castellano. Es más, sólo se da vigencia a los términos pertenecientes a la lengua castellana a través de su presencia en el diccionario de la RAE. Luego, nos sorprenderemos de que haya gente que se crea que lo del aragonés es un invento. Al fin y al cabo, no lo han oído nombrar nunca en las aulas con el beneplácito de todos los estamentos educativos… y así nos va.

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Responses

  1. Seguro que algunos maestros si que intentaron recuperar la lengua en sus pueblos y también estoy seguro que por ello “la autoridad” les castigaría como le paso a Anchel Conte. Solo la unión nos puede hacer mas fuerte en la defensa de nuestra identidad, tanto en lo político como en lo cultural, no es necesario que todos pensemos igual o que militemos en un mismo colectivo, solo nos hace falta pensar en el colectivo (Aragón) antes que en lo personal o particular.
    Salud compañero

  2. Cuando se critica sin conocimiento de causa, sin situarse en el entorno y condicionantes que dieron lugar a una determinada postura; cuando vienen profetas arribistas autoencumbrados en su complacencia creyéndose que antes de ellos nadie hizo nada y que debemos estarle agradecidos porque su luz nos va a sacar de las tinieblas, se leen majaderías como la que firma el tal Lizer

  3. Lamento que en vez de centrarse en mostrar su desacuerdo razonado con el artículo escrito se centre en la descalificación personal.
    Convendrá conmigo en que es imposible para todos situarnos en el “entorno” de cada cosa que sucede en el mundo, cada artículo que se publica, sus precedentes, sus consecuencias. Por ello, se critica o se alaba teniendo como base la información que se te da. Siguiendo sus preceptos, de nada podríamos opinar excepto de lo que sucediera estrictamente a nuestro alrededor. Incluso usted estaría desligitimado para criticarme, ¿no?.

  4. todos no tienen rason


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